lunes, 11 de abril de 2011

Ostracismo

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Al llegar la noche, cuando sus pasos lentamente se convertían en danza y sus ojos evitaban develar el embargo de su alma, recordó el único consejo que jamás olvidaría... "no dejes de moverte, que me muero", así, con la lección en mente, dejó que su cuerpo se mezclara con el humo.

Sus ojos cerrados le permitían disfrutar de las más sutiles visiones,mientras se movía con la música, tan claras que podía sentir como unos labios finos, tan finos como los que otrora serían pintados con un pincel finísimo de pelo de camello, buscaban tímidamente, con la misma prisa del que no tiene,alcanzar su sexo y devorarlo por completo, que con la delicadeza de un artista asemejaban sus movimientos al parsimonioso flujo del amanecer. No pudo evitar que un suspiro suyo animara a alguien de la muchedumbre a acercarse y tomar con sus manos las suyas; perdida como se encontraba en las ensoñaciones más placenteras se dejó llevar hasta los confines del sitio, donde tan solo las sensuales sombras reinan con el alimento del sonido y la oscuridad, su cremallera indefensa ante la firmes intenciones de su captor, no resistió más de tres segundos al hábil asedio, su sexo húmedo ya por la infatigable acción de su amante ficticio recibió con gusto un fluido que no fuera el suyo y dispuso de la boca del intruso hasta convertirla en presa. Su mente aun inadvertida dejaba que sus músculos se relajaran permitiendo que el otro saciara su sed con su cuerpo, una sed propia de la desventura que a ella le embarga y que sació al igual que el otro con fantasías propias, queriendo evitar,como si fuera posible, el ostracismo implícito de la razón.

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