Todos los días después de desayunar y regar sus plantas, Carlos salía a caminar por el bulevar. Nada se le ocurría y parecía no aguantar más, la inquietante tranquilidad le mortificaba y la cara envejecida ya por el consumo abusivo del tabaco no dejaba escapar viso alguno de satisfacción.
levar hasta llegar al parque, observaba atentamente hasta encontrar el sitio adecuado para sacar su libro y hundirse en la lectura, por estos días el número de visitantes había aumentado y era difícil poder disfrutar del matinal sonido del parque, patos y perros componían cada mañana una sinfonía diferente a la que se les unían ocasionalmente otros de los visitantes.
El texto de pasta dura contenía las obras en su mayoría "incompletas" de un autor desconocido cuya temática variada, reflexiva, y muchas veces desconcertante, provocaba en el lector agudo un éxtasis gratificante. Por fin encontró una banca demasiado ennegrecida para tener menos de treinta años, remachada con botones otrora brillantes, de un buen roble.Sacó de su mochila todo lo necesario para su viaje, y se dispuso a partir.
Ya entrada la tarde, una sensación de vacío lo hizo volver. Recogió cuidadosamente todas sus pertenencias y se dirigió al café "El Café" para tomar el habitual almuerzo, un café con leche y unos pastelillos que de todos los sabores se encontraban, coco, chocolate, vainilla, fresa, mango, mandarina, limón, durazno, guanábana, banano. Extraordinarios manjares a su alcance, cuando terminó y no antes de conversar amablemente con las personas que estaban en la mesa contigua, se dirigió a su hogar por el camino que solía recorrer, paso junto a la librería, mas esta vez no se detuvo a buscar un nuevo título; tenia urgencia de volver.
Mientras conversaba recordó la cita que tenia con Jacinta; una mujer de unos 50 años, robusta y semblante afable; con la que no se veía desde hace dos semanas, vale aclarar que Carlos es un joven de 25, al entrar en su apartamento lo primero que hizo fue quitarse la ropa para darse un baño, luego buscar su mejor vestido, perfumarse y buscar los versos que le había escrito; desde siempre le agradó hacerlo y esto le había hecho ganarse el aprecio de muchas personas, aunque su carácter taciturno le valía que la mayoría de sus relaciones terminaran, como empezaban, de manera inesperada.
Mientras conversaba recordó la cita que tenia con Jacinta; una mujer de unos 50 años, robusta y semblante afable; con la que no se veía desde hace dos semanas, vale aclarar que Carlos es un joven de 25, al entrar en su apartamento lo primero que hizo fue quitarse la ropa para darse un baño, luego buscar su mejor vestido, perfumarse y buscar los versos que le había escrito; desde siempre le agradó hacerlo y esto le había hecho ganarse el aprecio de muchas personas, aunque su carácter taciturno le valía que la mayoría de sus relaciones terminaran, como empezaban, de manera inesperada.
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