miércoles, 19 de noviembre de 2008

Changó

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Sólo salsa se escuchaba. Las mujeres con sus vestidos rojos ajustados, movían las caderas al son del tambor. Los hombres llevaban apretadas prendas, camisas y pantalones de todos los colores. La fiesta como de costumbre en los mismos antros, era hasta el amanecer; no faltaba quien se propasara y dejara que sus manos acariciasen los firmes glúteos de alguna jovencita, o el caso en que varios bravos, celosos de alguno de los escasos galanes que frecuentaban el lugar, cogían a alguno como maraca.


Entre tanta magia; luces, música, licor, belleza, fealdad, mesas regadas alrededor de una pista amplia, fotos de los más grandes, sombras, gente buena y gente mala; me encontraba yo, contaba más de dos horas de estar bailando, mi pareja una rubia des conocida aun, de rostro bestial y caderas descomunales, no quería dejar de hacerlo; por fin la convencí para sentarnos, el calor sofocante y el vaho de sudor junto con el ron; era peligrosa mezcla, un conocido afrodisiaco sabido por todos desde tiempos inmemorables. 

En cuanto se hubo descuidado, a zancadas me escabullí, llegue a la barra y pedí un trago frío, solo pensarlo en mis labios era reconfortante. Me permití lanzar una mirada panorámica, enfrentando la oposición de una veintena de cuerpos que me rodeaban y allí, no en el rincón más apartado, ni en el centro de la pista, si no justo al lado se encontraba quien rasgaba todas las noches las frágil barrera de mi cordura para entrar y hacerme experimentar los más extraños momentos. 

Las sensaciones se mezclaban de forma simple, aterradoramente placenteras y encantadoramente suaves y sutiles, su cuerpo rotulado en las partes más deseables, no escatimaba en ningún detalle para obtener la completa atención de cualquiera que se fijase en él, sus labios rojos, delineados con tal cuidado que parecían los más perfectos y la sonrisa enigmática que se dibuja cada vez que toma un sorbo de mi. Me hacia romper en gritos al sentir el débil aire que salia de su boca cuando se acercaba a mi entrepierna; mis manos no alcanzaban para tenerla toda y si que la quería toda. 

Estaba acompañada por un sujeto alto; llevaba el cabello suelto y miraba fijamente su vaso, él parecía alardear y mientras tanto ella solo miraba la inmensidad de su trago. Pensaba en la forma de acercarme; nunca hemos hablado y seguramente no a notado mi existencia; llevo semanas intentándolo pero algo siempre se interpone, por lo general es mi cobardía. Esta noche se le nota distraída  es el momento, el hombre se levanta, se ve enfadado, se dirige a la salida.

Somos ella y yo, y no otros, lo sabe y me invita con la mirada a sentarme, no he tenido que decir nada, me acerco y me besa. El resto desaparece, después de un rato todo es sombra y una tenue luz, no he dicho nada y ella tampoco, no es importante.

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